Mitad lobo, mitad pesadilla, y con todo el carácter del mundo.
Un lobizón con cara de calavera y un ceño fruncido permanente que, por razones difíciles de explicar, sigue resultando adorable. El mecanismo de articulación lo hace cobrar vida en las manos: un tirón y el bicho se mueve como si tuviera opinión propia. Figura de escritorio, de vitrina o de llavero, según lo lejos que quieras tenerlo.
Lo que la hace distinta
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10 cm de altura aproximada: escala de figura de mano, cómoda de llevar.
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Brazos y piernas conectados: el movimiento sale de un simple tirón.
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Cara cambiable: otro gesto disponible cuando el ceño cansa.
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Conjunto de varias partes: llega montado y listo para manosear.
El lobo de la casa, con la ventaja de no aullar de madrugada.